Era la primera noche de muchas en las que pasaría en ese cuarto. Cuando abrió la puerta lo primero que vio fue un crucifico junto al televisor. Nada de que asustarse. Dejó caer las llaves sobre la cama, encendió el televisor y tomo el control. Comenzó a buscar un buen programa entre los canales para entretenerse un rato antes de dormir, no encontró nada interesante así que optó por sintonizar el canal donde a partir de las 11 de la noche salen hombres y mujeres desnudos recreando el arte más primitivo de la humanidad. Eran las 12:15 de la madrugada. Se sentó en el borde de la cama justo enfrente del televisor, no quería perder detalle alguno de la película. Quería excitarse para después hacerse una buena paja y liberar el estrés ganado durante el día. Trataba de concentrarse solo en la película, pero era inevitable no ver el crucifico que estaba justo frente a él, junto a la televisión. Se puso de pie y acto seguido, tomó entre sus manos el crucifico para ponerlo en una mesita que estaba en el rincón. Jesús ahora miraba hacia la pared. De nuevo se sentó sobre la cama, miro al televisor y detrás de este estaba el Santo Niño de Atocha haciéndole una reverencia con su sombrero. Hizo lo mismo que con el crucifico: llevarlo a la mesita que estaba en el rincón pero, antes de volver a la cama analizó a detalle cada una de las cuatro paredes. Terror. Ahí estaba el ángel de la guarda, San Judas Tadeo, San Diego, el sagrado corazón de Jesús y, lo más horripilante: La Virgen María vigilaba su puerta. Arrancó todas las imágenes de la pared, tomó el crucifico y al Santo Niño de atocha sin olvidarse de la virgen. Metió todo en un cajón mientras maldecía a diestra y siniestra. Se sintió libre. Se acostó sobre la cama y gozó cada una de las escenas explícitas que contenía la película. Se hizo la mejor paja de su vida, eyaculó y apagó la televisión. No entraba ningún rayo de luz en el cuarto, sólo se escuchaba el cantar de los grillos y él cerró los ojos para dormir como un tierno bebe. Antes de su encuentro con Morfeo escuchó que algo se movía al compás del viento que entraba por la ventana abierta, tintineaba y tintineaba sin parar, sobre la pared, sobre su cabeza. Abrió los ojos y ahí estaba el causante del ruido que interrumpió su sueño: un rosario. Lloró desconsoladamente y mordió la almohada con todas sus fuerzas.
Estaba en el infierno.
Estaba en el infierno.
annie