Mi vecina Maria Elena

A pesar de su horrenda cara, ella se empeña en sonreír. Y es que... tiene algo particular. No es la típica cara de la viejita amable que sientes cómo te abraza cuando sonríe a diez metros de distancia. Su cara no tiene ningún defecto, podría anunciar crema anti-arrugas en la televisión; sonreír, decir alguna frase ingeniosa y ¡voilá!: Vender muchas cremas por su cara perfectamente lisa que no sufre desfiguro cuando muestra sus dientes amarillentos. Su chongo alto que deja al descubierto su frente amplia, combinada con los ojos color verde vacío que posee -y que a lo largo de los años han aprendido a sonreír junto a su boca-, es realmente una imagen perturbadora. Ver su sonrisa te encamina a los peores laberintos mentales, te lleva a pensar que ella está ideando la manera en cómo destazará tu cuerpo. Es una calamidad al peatón. Es... horripilante.

Tal vez tenga unos 62 años de vida, eso no importa. Tampoco importa que tenga un hijo producto de las hormonas adolescentes. Mucho menos entra a cuento el hecho de que cuando su hijo le trae a sus dos niños para que los cuide, ella los recibe cariñosa, llena de amor, feliz porque sus nietos pasarán con ella la tarde y podrá gritarles a todo pulmón: Cabrón, hijo de tu puta madre, no valen un carajo, no sé porque los trajo su padre, son unos pendejos, hagan la pinche tarea de mierda; y demás frases coloridas que esta tierna y dulce abuela les regala con todo el amor de su corazón. Lo que importa es su extraña manera de actuar: Siempre está en la ventana, barre el patio de su casa por lo menos 3 veces al día y lo más importante es que siempre se para bajo su árbol limonero sosteniendo con sus dos manitas percudidas la escoba marchita de tanto usar. Observa a los transeúntes y los saluda: "Buenas tardes, ¿cómo está?". Seguido a este saludo protocolario, con un dejo de amabilidad, los sigue con la mirada hasta que la masa móvil se convierte en una imagen borrosa. Y sonríe... estremeciendo al mundo.

annie

Últimamente me pican las manos, las palmas de las manos. Una vez escuché que cuando eso ocurre es porque recibirás dinero y no debes rascarte, si lo haces ahuyentarás todo el dinero que hubieras podido tocar con tus suaves y asquerosas manos. Así que, como uno es ingenuo por naturaleza (aunque pasen los años y la infancia se deje atrás) hago el esfuerzo de no rascarme y cierro las manos, se forman dos puños llenos de dinero invisible, imaginario, inexistente (por muy redundante que esto suene). Dinero que está próximo a llegar. Comenté esto a varias personas que al principio decían que sí, que sí recibiría dinero y todo sería perfecto pero, después decían algo más o menos así: Chécate el azúcar de la sangre. Asustada y temerosa preguntaba el por qué de esa petición accidentada, dijeron que podría ser que tuviera "alto el azúcar". ¿Cuánto cuesta el análisis para saber el nivel de glucosa en la sangre? -pregunté- Como unos cuarenta o cincuenta pesos -respondió- ¿Qué? ¡Yo no pienso pagar esa obscena cantidad de dinero para saber si me pican las manos por que "tengo alto el azúcar"! claro que es porque una montaña enorme de dinero me caerá del cielo y yo me retorceré sobre él como si sufriera de un ataque de epilepsia. Ya después de ello, iré a hacerme el examen de glucosa, no vaya a ser que tenga "diabetes".

*Favor de recordar lo que se dijo de la ingenuidad*

annie

11:40pm

Estoy segura de que él no tiene relaciones con su esposa. Vaya, ni siquiera han de fingir que hacen el amor. Me pregunto cuánto tiempo tendrá su esposa que no ha fingido un orgasmo o cuánto tiempo ha pasado en el que él no ha tratado de encaminarla a la lujuria por medio de caricias furtivas. Podría asegurarte que ni se han de ver las caras en las noches, tal vez sus conversaciones son iguales a las de todas las parejas: hijos, dinero, trabajo; todo esto para evadir que no han tenido relaciones desde hace meses. ¿Que cómo puedo estar segura de esto? Fácil, un día investigué su dirección y me dejé llevar por el impulso de ver con mis propios ojos donde vive. Es una casa chica y tienen tres hijos ¿Crees que en una casa tan pequeña como esa él gritará tan fuerte como lo hace conmigo en el motel? ¿Crees que se arriesgaría a que sus hijos escucharan sus palabras y sus alaridos? ¡Por supuesto que no! Grita tanto que la primera vez que estuvimos juntos creí que mis oídos reventarían sin embargo, estaba ocupada en otras sensaciones que su voz llegó a escucharse lejana y ya no tuve problemas con que me gritara obscenidades. ¡Si supieras las cosas que me dice mientras me maltrata suavemente! A estas alturas considero que si llegase a decirme "puta" sería poesía y no una palabra altisonante. No tengo problema alguno con todo esto, al contrario, me gusta que me trate así, no siento culpa, mi conciencia está tranquila y deseosa por el siguiente encuentro, a toda mujer le gusta sentir por lo menos una vez en su vida que la traten salvajemente, los placeres llegan a ser más fuertes que los principios morales y que las cosas que te ha enseñado tu madre. Por otra parte, me gustaría que lo nuestro fuera algo más que lujuria, tal vez platicar con él durante una hora y no cinco minutos... ¡Claro que no me estoy enamorando de él! Quise saber donde vive por si llega haber algún problema, yo también tengo algo que proteger.

annie

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Confieso que nunca he ido a un Starbucks y ni siquiera me llama la atención hacerlo. Incluso de tan sólo mencionar esa palabra tan famosa y enriquecedora para el espíritu siento como un escalofrío se esparce por todo mi cuerpo. Me da miedo entrar ahí, así de simple. Así que admito ser una maldita pecadora, arderé en las llamas del infierno y me lamentaré el no haber ido a un Starbucks.
*Inserte aquí onomatopeya de lamento*

annie

Pon atención, tú querido y hermoso lector. Ese que por algún extraño motivo, razón o circunstancia ha llegado a este lugar. Deja de lado tu subjetividad. En esta ocasión, no es necesario que intentes descifrar estas letras con tus insípidas y vulgares vivencias. De nada te sirven si has comenzado a leer esto. Pon atención, mucha, como si estuvieras escuchando una lección de vida que un desconocido te da mientras recorres la ciudad dentro del camión que tomaste hace quince minutos. Imagina que tratas de prestarle atención al desconocido mientras piensas en que comerás, si cogerás hoy, si te irá bien, si alguien importante de tu vida ha muerto o morirá. Imagina que recibirás una noticia importante. Bien, ahora respira. Una, dos, tres, cuatro... las veces que te sea necesario para digerir la peor de las noticias que recibirás en el transcurso del año. Haz como si no lo supieras, como si nadie más te haya dicho algo así, como si no supieras el secreto de la vida. Finge demencia. Ahora, entérate de que no estás preparado para leer esto. Graba bien en tu cabeza las siguientes palabras: aunque me digan algo una y otra vez, siempre será como si me enterará por primera vez. Nunca me canso de enterarme y saber lo mismo a través de mi o de otras personas. ¿Qué tal se siente ahora? ¿Bien? No te apures, a nadie le funciona lo mencionado anteriormente. Aunque tratemos de ignorar la subjetividad, es imposible. Pero esa no era la noticia que iba a darte. Lee esto con atención: si tú no eres sarcástico, no eres nada en este mundo. Si no entiendes el sarcasmo de los demás, jamás debiste haber nacido. Las caricaturas no fueron hechas para ti. Remóntate a tus dulce 5, 6 o 7 años. Veías las caricaturas y algún personaje pintoresco hacía un comentario ingenioso que no era un chiste, era un simple comentario que ameritaba una sonrisa pícara. Una sonrisa que dijera: Wow! he entendido tus palabras delirantemente sarcásticas! Y seguido a esto sonreías sarcásticamente. "Sonreír sarcásticamente" ¿Entiendes lo que es eso? Imagino que no. Es algo inconsciente, ni siquiera te das cuenta de cuando lo haces, no tienes siempre un espejo junto a ti para verte cuando sonríes de esta manera. En realidad, la sonrisa sarcástica por lo regular siempre es igual en todas las personas. ¿Que no es cierto? Detente un poco y observa a tu alrededor. Mira como los demás tienen conversaciones llenas de harto sarcasmo y jamás sale alguien herido. Ellos saben cómo y cuando se maneja el sarcasmo. Admíralos. Ríen y carcajean cuando ellos son sarcásticos, cuando saben que los demás son sarcásticos y también, cuando nadie entiende su sarcasmo. No finjas, sabes a qué tipo de sonrisa me refiero. No trates de decir: no es cierto, no sé de qué estás hablando. Eso sería un comentario sarcásticamente barato y, en estos tiempos, el sarcasmo barato no te sirve de nada. Amén.

annie

Es tan extraño ver mi cama con una sabana blanca. Tan pulcra, tan limpia, tan distinta a mi. Nunca en mi vida había dormido sobre sabanas blancas. No sea cuál sea la razón. Preferiría dormir sin sabanas, sentir la piel del colchón junto a mi piel. Pero raspa tanto, tanto, tanto, tanto, tanto. Prefiero sentirme el ser más sucio del mundo sobre una sabana blanca suavecita, inmaculada, brillante, hermosa. Quisiera que esta noche me impregnara un poco de su esencia.


annie

Hay días en los que río de hasta que me duela la panza y mis ojos lloren. Pero mis ojos no expulsan lágrimas dulces que sepan a felicidad, al contrario, son saladas. Las he probado e incluso las he bebido, no permito que mis lágrimas toquen el suelo o cualquier superficie ajena a mi cuerpo porque el día que quiera llorar, mis ojos estarán completamente secos y no podré escudarme con que lloro de la risa. Reiré sin gracia, con los ojos tristes sin poder expresar mi alegre tristeza.

annie

¿Les conté que hace aproximadamente un mes durante toda una semana el sol se ocultaba tras unas nubes esponjosas, gruesas y maravillosas creando un verdadero circo en el cielo en donde el viento seducía a las nubes y gozaba con los diminutos rayos solares, provocando que la chica coqueta que da el pronóstico del clima a la una treinta pasado meridiano dijera que llovería, que el cielo caería líquidamente y que era preciso tomar nuestras precauciones por que al parecer la gran promesa no se cumpliría?
No es necesario explicar que me dio gusto semejante noticia, cuando salía a la calle lo hacía con una sonrisa que después de tanto tiempo no dejaba olvidada en el excusado al recordar que hacía un calor de los mil demonios y me quemaría como un vil camarón; durante ese tiempo me iba en tenis a la escuela porque iba a llover y tendría que caminar sobre lodo, piedras movedizas o tal vez cruzar uno que otro mini lago.
Nada de eso pasó.
Al contrario, en esos días conocí a una mujer que era la sensualidad en persona. Las dos estábamos esperando el camión -y esperando que lloviera, claro está- ella fumaba y yo la observaba. Sufrí de un amor a primera vista. Me enamoré de su vestimenta desgarbada. Su vestido negro contrastaba muy bien con su pálida piel y sus ojos tristes. No parecía que venía de algún velorio si no que, iba a su propio velorio. Imagino que tendría unos cincuenta años o un poco más. Se veía tan sexy fumando con su bolso sobre las piernas que yo suspiraba entre cortadamente suplicando mentalmente un poco de su atención, aunque fuera una mirada por encima de su hombro. Terminó su cigarrillo y lo tiró. Rápidamente abrió su bolso rasgado y sacó dos cigarrillos; volteó y me miró fijamente, sin decir palabra alguna tendió su mano para darme uno, lo tomé. No supe si decir gracias o comenzar una plática interesantísima sobre el clima, el curso de la vida o la liberación sexual. Las dos guardamos silencio y cada una prendió su cigarro. Fumamos. De vez en cuando nos mirábamos de reojo, esperando una reacción, una palabra, un respiro compartido. Nada.
Comenzó a lloviznar, la gente caminaba más rápido para no mojarse y las dos seguíamos sentadas en el mismo lugar esperando que el cielo llorara desconsoladamente. Las gotas escasearon y la gente respiró con tranquilidad. Esto es una burla -dije entre dientes- Sí, una burla. -respondió-


annie