Todos los días escribía algo nuevo. Se despertaba, miraba fijamente la pared y ahí estaba: la continuación de su novela. Si se cree que alguien no puede soñar algo todos los días, está en un completo error; peor aún, si se tiene la firme idea de que nadie puede recordar siempre lo que ha soñado, es un completo ignorante. Era una persona muy peculiar; él era ese "alguien" y ese "nadie". Noche tras noche soñaba algo nuevo y lo recordaba al despertar. Curiosamente, todo lo que soñaba lo relacionaba con su novela inconclusa. Aún así y soñara que él estaba en el Caribe, lo escribía en su novela. Si soñaba la muerte de su perro, lo plasmaba en su novela. Que volaba, alguna persecución aterradora, el llanto de su madre, un campo lleno de flores, Caperucita roja perseguida por la bruja malvada del cuento de Blanca Nieves, los labios de Marilyn Monroe, que se convertía en un escritor famoso, platicas con la chica que vio en el bar pero a la que nunca se acercó, su muerte en un accidente trágico, la caída en un abismo, el incendio de su casa, que conocía a la mujer de su vida... ... ... todo lo que soñaba lo escribía en su novela. Absolutamente todo. Algunos dirán que es estúpida su forma de actuar, otros que era un hombre brillante por escribir una novela de esa manera, muchos dirán que simplemente estaba obsesionado, pero él... él pensaba que su novela sería algo completamente innovador, su novela crearía una revolución literaria y brillaría en cada rincón del mundo. Su nombre se ensuciaría en las escuelas, muchos auditorios tendrían su nombre, las librerías rogarían por muchos ejemplares de su libro y tal vez en varias ciudades habría un monumento en su honor. Pero no todo los sueños son buenos y eso lo aprendió el día en el que la desgracia lo tomó de la mano para no marcharse jamás. Despertó como todos los días, vio hacia la pared y ahí estaba: la continuación de su novela. Se levantó de la cama, fue a su escritorio y tomó todas las hojas que había escrito en ocho años: tres mil doscientas en total. Todas y cada una de ellas fueron hechas pedazos, sus sueños terminaron destrozados en el piso y cuando estaba rompiendo la última hoja susurró entre dientes: Ningún hijo de puta querrá leer mis estupideces. Todo fue tal y como lo había soñado. Regresó a la cama y durmió. Pasaron tres horas y nuevamente despertó, vio hacia la pared y ahí estaba: la continuación de su novela. Fue al escritorio, donde él sabía que había dejado lo último que escribió, las tres mil ochocientas hojas que daban forma a su novela. No había nada. Todo estaba en el piso. Su preciosa novela completamente destrozada adornaba la habitación.
Desde ese día no volvió a dormir... se pasaba las noches tratando de reconstruir su novela con cinta adhesiva.

annie

Cuando despierto, pienso en ti. Pienso en que estarás haciendo, si estarás fumando o si irás caminando por la calle pensando en las teorías de Hegel. Me levanto de la cama y lo primero que hago es acariciarte con mis suspiros entre cortados. Voy a la cocina y mientras preparo el desayuno tarareo con mis dedos una canción romántica que tus oídos alcanzan a escuchar. Estás y no estás. Me siento frente a ti para contarte mentalmente lo que haré durante el día. No dices nada. Luces apacible y tímido. Estás aburrido, lo sé. Ambos sabemos que estando frente a frente no hay mucho que decir, es por eso que nos comunicamos a través de la respiración; a veces no es necesario decir lo que ambos sabemos, sentimos y vivimos. Tomo una servilleta y comienzo a dibujar con palabras el amor que siento por ti. Sé que luzco como una quinceañera. Sonríes. Entiende: el amor se me sube a los oídos y me limito a sentirte con los ojos cerrados. Pensándote, sintiéndote junto a mí y dentro de mí, enamorándome cada vez más de todo tu ser; así es como transcurren mis días. Cuando el sol comienza a ocultarse me doy cuenta de que no tengo nada que agradecerle a la luna, es el palpitar de mi corazón el que me advierte que está próxima tu llegada. Enciendo un cigarrillo y me siento en el sillón del rincón. Te espero. Alguien toca a la puerta, eres tú. Corro a abrirte. ¿Cómo te fue? ¿Quieres algo de cenar? No dices nada. Pasas de largo y te acuestas. “Ven” me dices con la mirada. Te hago caso. Me acuesto junto a ti, me acurruco en tu pecho y dormimos.

annie

Me tomó de la mano y dijo: vamos a mi cuarto.

Por supuesto que accedí ¿Qué podríamos hacer? ¿Jugar a las muñecas, a las comiditas, al papá y la mamá, comer galletitas, ver caricaturas? ¿Me contaría algún secreto importante?
En ese momento, no lo sabía. Mi inocencia era asombrosa y por lo tanto, mi imaginación se limitaba a pequeñas acciones infantiles; además era mi prima, mi prima de 6 años, la prima que sólo veía una vez al año, la prima que cumplía su función únicamente en navidad o año nuevo, mi delicada prima.
Cuando llegamos al cuarto, me dijo: Acuéstate, yo también me acostaré. Así lo hice. Estuve viendo el techo por algunos minutos mientras escuchaba que ella se movía de un lado a otro, sus pasos se escuchaban preocupados, angustiados, traviesos y luego se escuchó una risita avergonzada. Pensé que me haría algo, que era el principio de alguna broma ¿Qué importa? Tengo 9 años y sé que en mi vida tendré que soportar muchas bromas venideras, bien, estoy preparada para la broma. Y en eso *click* ella había puesto el seguro de la puerta, ya no hay marcha atrás, es tiempo de preparar tu mejor sonrisa para agradecer la bromita que tu prima te tiene preparada. Pasaron varios minutos y de nuevo su risita avergonzada, moví los ojos con desesperación de un lado a otro buscándola, la encontré frente al espejo tocándose con ternura el cabello; su risita era porque se veía a sí misma, empezó a frotarse sus senitos con un movimiento violento y extraño, pensé que lo hacía para que le crecieran más en ese momento, sus senitos tenían algo que ver con la broma. Cerré los ojos resignada, imaginando la broma, su acción y mi reacción.
Estaba a punto de quedarme dormida, pero la pesadez de mi pelvis me hizo abrir los ojos... ella estaba encima de mí, con las piernas abiertas, su cara frente a la mía, muy cerca, como si su intención fuera besarme. Me miró fijamente y entonces, dijo:
-Hagamos el amor... como en las novelas.
El silencio que se hizo fue abrumador, por un momento intercambiamos miradas infantiles y suspiros inocentes. Simplemente, era el momento de decirle la verdad:
-Mi mamá me dijo que esas son escenas creadas.
...sonreí


annie

Eso

(1) Por lo regular, cuento las escaleras que subo y bajo. Curiosamente, nunca es el mismo número, siempre es un número más o menos, pero nunca son las mismas escaleras para mí; pienso que algún duendecillo agrega o quita un escalón diariamente o bien, que no sé contar. / (2) Cuando voy caminando junto a una pared, inconscientemente comienzo a golpearla con el puño cerrado. / (3) Creo que mi próximo hogar quedará muy cerca de un aeropuerto ¿Por qué? simple: viví cerca de una avenida, ahora vivo cerca de las vías del tren... lógica simple. / (4) Que yo sea una trastornada mental no quiere decir que mi autor favorito sea Marques de Sade -_- de hecho, no tengo autor favorito. / (5) Mi color favorito es el rosa y eso me parece hermosamente irónico. / (6) Tengo un problema con las comas. / (7) Soy hipocondriaca, ayer pensé que por un anillo se me gangrenaría el dedo =). / (8) Hace tiempo comencé a guardar las cajetillas para ver si algún día me daba verguenza ver todo lo que me gasto en cigarrillos, un día me dio pena verlas y opté por ponerlas lejos de mi vista -jajajaja- / (9) Me gusta mucho la palabra gratis. / (10) Dicen que mis carcajadas dan miedo. FIN

**Agradecimiento a: Ericka Casiopea y Ninfabela

annie

Era tan pero tan religiosa que cuando leyó el apocalipsis y llegó a la parte que habla de la marca de la bestia, sufrió un ataque de pánico. Desde entonces su vida no fue igual, en todos lados buscaba "la marca". Despertaba y rápidamente corría al espejo para ver si por las noches no había entrado un demonio a su cuarto para ponerle "la marca" en la frente. Lo peor era cuando veía los códigos de barras de todos los productos que compraba, siempre contaba las rayitas negras más gruesas, cuando se daba cuenta de que eran menos o más de seis respiraba tranquila. Un día mientras se bañaba se acordó de que no había visto el código de barras del shampoo ¿Cómo era posible eso? ¡Tal vez la marca de la bestia está ahí y ella no se había dado cuenta! El agua caía sobre su cabeza mientras contaba las rayitas gruesas que tenía el código de barras del shampoo: eran exactamente seis. Se asustó tanto que gritó hasta desgarrarse el alma, sus alaridos se escucharon hasta el infierno, sus timpanos reventaron y su corazón se detuvo. Cuando su esposo llegó al baño para ver que era lo que pasaba, la encontró muerta, tirada en el piso. Un pequeño charco de sangre rodeaba su cabeza, el shampoo estaba entre sus manos. Sonrío cuando recordó lo que siempre le dijo a su esposa: No dejes abierta la llave del agua durante todo el baño.

annie

2

Cuando voy a un centro comercial y por alguna extraña razón biológica me hayo en el pasillo de las toallas sanitarias, imagino que sería perfecto [y chistoso] tapizar todo mi cuarto con ellas [es tan sencillo, sólo es cuestión de sacarlas del empaque, quitarles con cuidado esa pequeña tira de papel que oculta el adhesivo de los drogadictos asustadizos (y de los chones cobardes), pegarlas con cuidado y no dejar ningún espacio libre en toda la habitación] Mi cuarto se vería hermoso tapizado de toallas sanitarias. Incluso, toda mi casa. "La casa de las toallas sanitarias" Todo un espectáculo circense. Sublime. Maravilloso. Lo que viene después a mi torpe e ingenua imaginación es que, en dado caso de que alguien llegue a mi casa y diga que no le gusta o que es tonta la decoración, rápidamente lo destazaría con el hacha que cargo sobre la espalda y no habría problema con que su sangre salpique las paredes, al contrario, mis toallas sanitarias estarían felices por recibir su merecido baño de sangre. Después, pobres. Serían retiradas de la pared y desechadas. A nadie le gusta ver arte abstracto por más de quince segundos aunque sea demasiado sencillo comprenderlo.
annie