Nietzsche

Hace tiempo conocí a un alemán. Era de tez clara, no, era güero colorado. Su ojos eran azules y sus dientes amarillos. Victima de la calvicie, de los años y de su país. Era alemán. Supe por mi madre que su abuelo fue un general en la segunda guerra mundial y que por ello, su madre tuvo que huir del país con él y sus hermanos, él tenía diez años cuando eso sucedió; de su padre no se sabe nada. En la mesa estábamos: mi madre, él alemán y yo. ¿Qué le puedo preguntar? Tengo que aprovechar que es extranjero, mejor aún: alemán -pensaba- ¿Y si le pregunto de la segunda guerra mundial? ¿Se ofenderá si lo hago? No, no es prudente que lo haga, además es muy cliché ¿Cuántas veces no le habrán preguntado eso sólo por ser alemán? ¡Oh! Ya sé que le preguntaré. ¿Cómo se pronuncia Nietzsche? -le dije- Me mostró sus dientes con una sonrisa radiante y me dijo la correcta pronunciación de ese apellido. ¿Cómo? -volví a preguntar- lo repitió de nuevo. ¿Perdón? Lo dijo otra vez. No le entendí. Lo repitió. ¿Perdón? Otra vez por favor. Soy lenta para entender, de nuevo. ¿Cómo? ¿Le molestaría si lo repite otra vez? Cada que hacía que lo repitiera él sonreía y respondía con amabilidad, por mi parte yo trataba de pronunciarlo como él. Sentí que ya era demasiado acoso y di las gracias. Seguimos comiendo. Lo pronuncié para mi misma una y otra vez hasta que todo se deformó nuevamente : Nitsch, Nitch, Nitché, Niche, Nietzsche.

annie

Su carita.


Su carita. Su carita de niña. Toda la noche estuve pensando en ella. En que será lo que habrá provocado que se le deformara ridículamente la cara. Tal vez fingió para la cámara, una simple pose ¿Quien no ha posado así para la cámara? Ojitos desorbitados, boquita abierta, lengua levantada, cabello desordenado. Una pose que se puede interpretar de muchas maneras. Los desequilibrados pensarán que por su cara, pareciera que la están penetrando... analmente, esa es su cara de dolor y es que la inocencia de los niños es tan encantadora que inspiran muchas perversidades. Pero otros tantos se asustarán y dirán: ¿Cómo se atreven a decir eso? Solamente es una niña, su cara es de emoción; está emocionada porque por fin desayunará huevos revueltos. Otros más dirán que la captura fue mientras ella tenía un orgasmo infantil que disfruta como adolescente pasando toda su descarga eléctrica a los huevos que sostiene en cada mano. Que finge ser un monstruo, que la apuñalan por la espalda, que sufre de un paro cardíaco mientras le iban a tomar una foto con cara feliz, que está sorprendida porque nunca en su vida había tocado huevos, que a lo mejor sufre de alguna enfermedad mental, que es una simple foto, que así sonríe, que está asustada, que piensa en un delicioso pastel y por eso su lengua se asoma, que un perro la ha tomado por sorpresa y le ha mordido una de sus piernitas, que está escuchando la pelea de sus padres, que se ha enterado de que Santa Claus no existe, que su madre le ha gritado: "¡Tráeme los huevos!" y ella respondió: "¡Ya voy!" siendo tomada la foto en el momento en que dijo "voy", que esto, que lo otro y que aquéllo... su cara de todo, su cara de niña.

annie

4

Desde hace varias semanas he pensado que sería buena idea comprar un cuaderno coqueto que pueda llenar de pensamientos y palabras deprimentes. Sin embargo, poco a poco me voy dando cuenta de que sería algo inútil y atentaría en mi contra (algo así como un ataque terrorista) porque después lo leeré y me sentiré la mujer más ridícula del mundo (a todas/os nos pasa). Un claro ejemplo es que hace unos minutos mientras buscaba unos archivos que leer por mi examen me encontré unos en donde yo escribí cosas que ya ni recordaba. De verdad, eso me da vergüenza. Me avergüenza la manera en como me ridiculizo ante mi misma pues cuando termino de leer algo así lo más probable es que piense y/o diga: las mamadas, pendejadas, estupideces, babosadas, *o cualquier otro adjetivo que usted quiera agregar* que escribía. ¿Qué coño estaba pensando cuando lo escribí? Se me debería prohibir escribir cualquier cosa, incluso en la escuela. De hecho, tampoco se me debe permitir pensar.

La verdad es que, desde que tengo uso de razón he tenido diarios. El primero que tuve fue a la tierna edad de ocho años (pero yo me empeño en decir que solamente he tenido uno o dos para no verme como la mujer más ridícula del mundo -más-) y eso porque una maestra nos obligó a que documentáramos las cosas que hacíamos durante el día. Nada peligroso, a esa edad lo único que puede escribir en su diario son cosas como: Hoy mi madre me hizo de comer mi comida favorita, hoy jugué a los congelados, hoy corrí en el recreo. Cosas normales en los niños. Pero desgraciada o afortunadamente mi diario sobresalía de esas cosas, desde esa edad ya escribía el porque de mi odio desinteresado hacia la gente y la pasión que sentía cada que veía a perenganito, peor aún, la maestra llegaba a leer solamente una hoja de tu diario para verificar que si hacías la tarea. GRAVE ERROR. Cuando leyó una de mis paginas dijo que era necesario hablar con mi madre por lo que leyó (ni siquiera recuerdo que era). Le contesté que eso era mala idea pues yo podía acusarla de que leyó mis cosas privadas. Desde entonces, los cuadernos invadían el fondo de mi cama. Cuadernos que tenían de todo. Desde dibujos ridículos, amores infantiles y... como olvidar aquéllos dos cuadernos que cuando encontré, la pena se hizo presente en mis mejillas. Mis cuadernos de poemas. Poemas inventados y copiados. Poemas. P O E M A S.

Claro que recuerdo que fue lo que le hice a cada uno de esos cuadernos. Los leí, me reí de lo escrito y de mi, recordé que sentimientos pasaron entre mis manos cuando lo hice. Y después, el trágico final: romperlos y quemarlos. No hay rastro alguno de esos cuadernos. Desaparecieron y con ellos desapareció una parte de mi pasado. A veces me lamento por ello, si los tuviera ahora estoy segura de que por lo menos los leería una vez al día para quitarme lo aburrida.

He mencionado por aquí que mi historia en internet comenzó cuando yo tenía 14 o 15 años, escribía en otro lugar y ese lugar (al igual que mis diarios viejos) ha desaparecido, también pasó por el sagrado ritual. Lo más probable es que un día me de un ataque de "fuck this shit" y este blog deje de existir. No quiero.

annie

El señor de la tienda.

Ahí está él: detrás del mostrador, viendo la televisión, respirando, viviendo, existiendo. Buenas tardes. No responde. Sabe que ha entrado un ser ajeno a su tienda, un extraño, un desconocido, un comprador, el ente que le infla los bolsillos, el yo. Observa mis movimientos de reojo, supongo que piensa que voy a robarle. ¿Cuánto cuesta? -le enseño un paquete de galletas- Seis pesos -responde con enfado- Camino hacia él con el billete de veinte pesos que he sacado del bolsillo de mi pantalón y claro está, con el paquete de galletas. Me ve con insistencia. Aquí tiene -le entrego el billete- ¿Algo más? -me pregunta con su voz gruesa- No, gracias. Me ve directamente a los ojos durante cinco segundos (los he contado) y yo trato hacerlo pero, no puedo, sus lentes me distraen y obstaculizan el juego de miradas retadoras. Toma el billete de veinte pesos, comienza a darme el cambio. Cuatro monedas de un peso, diez pesos. Una moneda de diez pesos, veinte pesos. Nuevamente me ve fijamente a los ojos con los suyos tan expresivos, dicen que me desea la muerte. Yo le digo a sus lentes que ojalá y lo asalten. Gracias. De nada.

annie

La mayoría de la gente cuando va a un supermercado se idiotiza, así de simple. Olvidan decir: con permiso, por favor y gracias. Mientras van comiéndose las flemas empujan el carrito por simple y pura inercia, dejando a su paso un largo camino de baba que chorrea de sus vulgares y asquerosas bocas. Caminan lento y de manera torpe obstruyendo el paso de los que no van a pendejear mientras hacen sus compras. Son la basura de la humanidad, pero el encanto de los supermercados. Estos pequeños individuos tienen conocimiento de la torpeza que los invade al momento de hacer las compras y por ello, jamás te miran a los ojos.
Pobrecitos, pobrecitos.

annie

Toallas sanitarias. Papel sanitario.

Una mujer va a la tienda de la esquina y compra un paquete de toallas sanitarias. El tendero mete el paquete dentro de una bolsa de papel o en doble bolsa de plástico y evita a toda costa ver los ojos de la mujer porque sabe que si lo hace, ella verá en sus ojos las palabras llenas de compasión: pobrecita, está menstruando. La chica en cuestión sale asustada de la tienda con sus toallas sanitarias bajo el brazo. Camina lo más rápido posible antes de que cualquier alma en pena la vea y la señale mentalmente mientras piensa: pobrecita, la sangre le brota de entre sus piernas.
Días después la mujer regresa a la tienda. Compra papel sanitario. El tendero la ve con gusto y sabe que no hay necesidad de poner el papel sanitario dentro de una bolsa. La chica le da las gracias. Sale sonriente de la tienda caminando con seguridad. Cualquier alma en pena que la viera pensaría que la chica ha tenido el mejor día de su vida y pensará: Qué bien, va a limpiarse el culo.

Un mes después el esposo de la mujer va a la tienda a comprar toallas sanitarias. Entra a la tienda y toma el paquete. El tendero le cobra y lo ve con una sonrisa picara. Hace lo mismo que con la mujer: pone el paquete de toallas sanitarias dentro de una bolsa de papel o en doble bolsa de plástico. El hombre sale de la tienda temblando por el nerviosismo que le provoca el cargar una bolsa con semejante contenido y camina rápido antes de que cualquier alma en pena lo vea. Esa alma en pena sabrá lo que carga pues no será difícil de adivinar: nerviosismo, pasos largos, mirada asustadiza y cara pálida. Todo eso le llevará a pensar: pobrecito, su mujer está menstruando.
Una semana después el hombre regresa a la tienda. Va a comprar papel sanitario. Cuando lo paga, el tendero ni siquiera lo ve. Su actitud es indiferente hacia él. Le cobra el papel sanitario y espera a que se marche el hombre. Ni siquiera le pasó por la mente poner el papel dentro de una bolsa, no es necesario. El hombre sale de la tienda y camina con el papel sanitario bajo el brazo. Reflexiona sobre la vida, sus mejillas se ven saludables y camina pausadamente. Si un alma en pena llegara a ver cuanta felicidad irradia este hombre, pensará: Que bien, va a limpiarse el culo.

annie

3

Cuando era pequeña había una enciclopedia en el librero de la casa, era guinda con letras doradas y por dentro tenía todo lo que una enciclopedia debe tener. Por ella conocí los tipos de nubes que se forman en el cielo y de ahí, mi perdición. Memoricé todas y cada uno de los nombres, sus formas, su significado*, altura de formación; sin saber que el hacerlo me traería graves consecuencias con mis amiguitos. Cuando ellos veían un elefante, yo veía un cúmulo. Ellos veían a borreguitos haciendo honores a la bandera, yo veía altocúmulos. Usa tu imaginación, ahí está Winnie Pooh. ¡Claro que no! Es un Pileus y esa nube me gusta.

Nubes, nubecitas, nubesotas. Me gustan las nubes en cualquiera que sea su presentación. Las chicas y las grandes. Pileus, cirros, nimbos, estratos, cúmulos. Las que anuncian una tormenta, las que adornan un cielo soleado. Los borreguitos, los elefantes, los cerdos, los osos... cualquier animal que se presente en forma de nube, me gusta. Pero sobre todo, me fascina cuando por culpa de las nubes más de uno corre tras las faldas de su madre gimoteando y diciéndole: ¡Por favor, no! ¡Aún tengo muchas cosas por hacer! ¡Que no se acabe el mundo!

annie

Insomnio

Son las 4:55am y no he podido dormir. Lado izquierdo o derecho, boca arriba, boca abajo, posición fetal, sobre los brazos, como estrella de mar, con las manos sobre los ojos y la almohada también, con las piernas al aire, contado mis cabellos, boca arriba, boca abajo, de lado, de medio lado; veo por la ventana y el cielo está despejado, no tengo sueño y veo un ovni.

annie

Del otro blo'...

Comenzó a justificar su torpeza. Dijo que él no vivía por estos rumbos, se había quedado a dormir con un amigo de su facultad, era foráneo –cosa por la que sentí cierta compasión y empatía- estudiaba ciencias políticas, acababa de entrar a la universidad, iba a repasar unos temas y, antes de que me viera se sentía perdido.

Entre dientes...

No hay problema, así está bien.

Hij@ de puta...

annie

El problema no es que sea hereditario.


Tiendo a ser hipocondríaca y paranoica.


Ése es el verdadero problema.

annie

Cuando hablo con mi madre tenemos que colgar antes de que sean cinco minutos. Hoy mi madre habló de más, un minuto treinta de más. Interrumpí sus palabras para decirle: Madre, ya son seis minutos y medio. Temerosa y molesta dijo: ¡Oh! tengo que colgarte. Después mi celular volvió a sonar y en cuanto descolgué escuché: Te voy a descontar los siete pesos que me he gastado por tu culpa.

annie

Los cajeros siempre conocen a sus clientes, hurgan en todos nuestros intereses con un simple roce de manos.

Me cae bien la cajera del OXXO. Creo que tal vez nos conocimos en otra vida, compartimos nuestros juguetes o a lo mejor ella fue hombre y yo mujer -o al revés-. El punto es que me conoce a la perfección, lo suficiente como para que tenga mis cigarros preparados cada que me paro frente a la caja. Es de esas amistades en donde los silencios no se tornan incómodos. Me da mis cigarros, yo le doy el dinero.

annie

Estaba haciendo mi tarea cuando en eso veo que una pestaña ha caído sobre la hoja en la que estoy escribiendo. Una pestaña; insulsa, insignificante, irrelevante. Una maldita pestaña. Pero hoy es importante. Si alguien estuviera aquí rápidamente me diría: ¡Espera, no la deseches!. La tomaría con sus dedos pulgar e indice y pondría todas las fuerzas de su ser para apretarla mientras pronuncia las palabras mágicas: pide un deseo. Yo pediría un deseo. ¿Arriba o abajo? No importa que lado escoja, el punto es saber si el deseo se cumplirá. Dejaría al descubierto la pestaña, yo temblaría de la emoción y en cuanto viera de que lado quedó la pestaña mi reacción sería la misma: pendejadas.
Pero hoy podría ser el día en el que eso no sería una pendejada. Sin embargo estoy sola en mi habitación, haciendo mi tarea tratando de no pensar en pendejadas.

annie

Casos de la vida real

Cuando falleció su esposo, alzó los brazos al cielo mientras decía: ¡Gracias Dios! ¡Gracias Dios! y luego se puso a cantar: alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a mi Señor...

***

Proverbios 13:24
El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige.

Ellos son cristianos y tienen un castigo muy especial para sus hijos: les pegan con una tablita. En un lado viene inscrito el Proverbios 13:24 y al parecer, eso hace que el castigo sea menos vergonzoso para ellos. Es sencillo suponer que cuando castigan a sus niños no es simplemente porque ellos hayan hecho algo mal, también está de por medio el coraje de ellos como padres y la impotencia que les causa aquélla pregunta: ¿Los estaré educando bien? Sin embargo, los golpes que les dan a sus hijos se justifican ante Dios y esto es gracias a las letras que brillan por un lado de la tabla. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! gritan los pequeños. Lo siento mucho, tengo que castigarte así para que entiendas, a mí me duele más el tener que rebajarme a esto, pero tú no entiendes con palabras... Se escucha el gimoteo de los niños y los lamentos del padre o la madre. Después, abrazan a sus hijos y al mismo tiempo les dicen: porque te quiero, te corrijo; entonces, los niños responden: te queremos mucho, te queremos mucho.

***

Los testigos de Jehová llegaron a su casa, tocaron la puerta y nadie salió. Volvieron a tocar, nada. Nuevamente tocaron y escucharon una voz que provenía de la ventana: ahorita noooo, gracias!!! Ya voy de salida. Los testigos de Jehová no son tontos. Venimos a leerle un poco la biblia -dijeron- Nooo gracias -respondió la voz desde la ventana- Por favor, sólo cinco minutos. Silencio. La voz de la ventana se hizo cuerpo y ahora estaba frente a las faldas largas, frente a las señoras faldas largas testigas de Jehová. Señora, venimos a leerle la biblia... sí, sí ya me sé todo eso, siempre vienen a molestar, ni siquiera porque uno les dice que está ocupado o que va de salida no dejan de joder. Además, soy Católica; ya me voy a comprar mi calca para pegarla en la pared y se eviten la molestia de estar tocando en esta casa Católica, Romana y Apostólica. Está bien señora -respondió una falda larga- pero la anotaremos en el libro de los muertos para que nuestros compañeros sepan su nombre y ya no tengan que venir con una persona que arderá en las llamas del infierno. Los testigos de Jehová saben cómo asustar a la gente. Perfecto, mi nombre es...

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Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa... y se daba los golpes de pecho igual que los demás. Pero los demás tenían los ojos en el piso mientras que él los tenía levantados para observar a las personas de su alrededor. Se divertía con los golpes de pecho, le encantaba el acto inocente de fingir que se arrepentía de sus pecados y mejor aún, le encantaba la cara de no arrepentimiento que tenían los demás. Cuando terminaba el acto penitencial sonreía y suspiraba con alivio, se salía de la iglesia y se daba golpes mentales mientras recitaba: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...

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Quería que un sacerdote fuera al hospital a ver a su madre antes de que muriera. Intentó por todos los medios que se hiciera posible pero, lástima, la familia está dividida por la religión; unos creen en la santísima trinidad... los otros en la santísima trinidad y en cualquier otro sujeto cuyo apodo sea santo, ella es parte de ese clan. Por favor, no sean malos, no pasa nada, nuestra madre lo necesita, durante 60 años fue católica, no comulgará sólo quiero que un sacerdote la vea... Usó en vano todas las súplicas que pensó en ese momento, pero no fue suficiente. El coraje ya le carcomía las venas pues ¿Cómo va a ser posible que sus hermanos menores se atrevan a desobedecerla? Entonces, pensó que sería buena idea torturarlos mentalmente: Si no viene el sacerdote ustedes cargarán con todas sus culpas, sus hijos y sus nietos también. Todas las noches despertarán sudando frío y verán el rostro de nuestra madre en el espejo, les hablará y les dirá: por culpa de ustedes yo no puedo descansar en paz... El sacerdote nunca llegó.

annie