El rey pide un helado de limón, dos piedras rojas y que hagan diez lagartijas. Ahora el rey es otro. El nuevo rey quiere una liga amarilla, no, mejor negra o azul. La liga que sea, ya no importa el color. Una pluma, un anillo de plata, que dibujen la bandera de Canadá y un zapato negro. También quiere un poco agua, su boca está seca por pedir tantas cosas. Todos corren despavoridos con temor a la furia de su rey. Ha saciado su sed. Es tiempo de ceder el trono a cualquiera de los niños que están jugando con él. Decide que será el niño de tenis rojos que corrió a quitarle la liga a su hermana para satisfacer los caprichos de su rey, el niño que le llevó el agua se siente indignado. Pobre. Los tenis rojos están sobre la silla. Nuevo rey, nuevos caprichos.
Arrodíllense, junten las palmas de su mano sobre su pecho, mirenme a los ojos, pidan perdón cinco veces. Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón. Perfecto, ahora besen el piso.

annie

Lo hice varias veces, muchas, incontables, hasta el infinito. Cuando viajaba en el camión, volteaba con mi compañero desconocido de viaje y se lo decía. A él, a ella, a la niña de cabellos rojizos, a la viejita que me habló de los hijos del nuevo gobernador, a la señora que se subió en la parada de la central y me preguntó si los asaltos eran comunes en la ciudad, a la señora regordeta que me asfixiaba con sus rebosantes caderas, al señor que olía a detergente caliente, al ejecutivo que usaba colonia barata; a muchas representaciones pueriles de la humanidad se los dije. ¿Y qué obtenía cómo respuesta? Nada. Simples suspiros, ojos asustados, indiferencia, miradas que se podían interpretar como: a esta vieja le falta un tornillo en la cabeza. Algunos cometían la osadía de sonreír, otros tantos respondían irónicamente: ya sabía. No me limité en hacer mi estudio solamente en el camión. También lo hice en el metro, en la calle, en la escuela... simplemente donde fuera necesario, sin embargo, era imprescindible decirlo en cualquier lugar y a cualquier persona. Opté por convertirme en la voz interior de los desconocidos. Susurrar las palabras, cantárselas al oído, decirlas dulcemente, transmitirlas con el pensamiento. Mucho tiempo lo estuve haciendo, tanto que a veces ni siquiera veía a la gente que se lo decía. Llegó el día en el que un señor me desafió destruyendo cada una de mis palabras. Sin mirarlo siquiera le dije: Mañana se acaba el mundo. Silencio. Volteé para ver su reacción y nuestras miradas coincidieron. A mi se me acabó desde hace un par de años -contestó-.

annie

-Me quede quince minutos varada junto a la carretera sólo para ver el amanecer.

-Jajajajajá! ¡Qué estúpida!

Me he prometido no compartir cosas maravillosas con gente ordinaria.

annie


Lo que me gusta de mi nuevo trabajo es que se ven los cerros (la sierra para ser más precisos), el amanecer se ve más puro y hermoso, el aire se siente fresco, camino junto a la carretera, las maquinas que tienen en la empresa son capaces de destrozar el brazo de cualquier sujeto y viajo mucho en camión (cosa que me gusta hacer). Lo demás me es indiferente.

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Mi roomie me preguntó que cómo me estaba yendo en el trabajo, le dije que bien. Después hizo las preguntas protocolarias: ¿Qué es lo que hace la empresa? ¿Qué es lo que haces tú?. Le contesté y después dijo algo más o menos así: Ya te estás encaminando en lo que será tu futuro.
Eso me entristeció.

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Hay nuevas roomies en la casa. En realidad no tengo ninguna queja, ya las he tratado bien y son buenas personas (considero que "buena persona" y "buena onda" son cosas muy distintas), aún así me incómoda el saber que un extraño vive junto a mi. Sin embargo, hoy me dijeron "wey" y no me gustó que se dirigieran a mí de esa manera.
Creo que me acostumbraré.

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Compré el libro Siddhartha de Herman Hesse. A veces tiendo a hacer cosas sólo por impulso. El impulso de comprar dicho libro lo tenía desde ayer pero, apenas ahora lo compre, por lo tanto no fue un impulso y dejaré de usar la palabra "impulso" para este párrafo. Ayer que iba en el camión me acordé del libro y me dije: lo quiero.

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Últimamente me persiguen los fantasmas de los libros que he dejado inconclusos, sólo son tres. No sé cuál sea la razón por la que los haya dejado a la mitad, aunque lo más probable es por que no me entretuvieron, me aburrieron y/o cualquier otro sinónimo. A pesar de eso, pienso terminarlos para dejar de pensar, soñar y suspirar por ellos.
Hablando un poco más sobre los libros, me he dado cuenta de que no tengo libro favorito. Puedo decir qué libros me gustaron mucho pero no puedo hacer el: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis de mi corazón.

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Cuando vengo caminando de la escuela tengo que pasar por un mini-túnel que está debajo de las vías del tren. Ahora que estaba cruzando el mini-túnel vi un perrito que estaba sentado ahí y tenía la cara más triste que cualquier perro pueda tener, luego escuché que alguien dijo: ¿Quién anda ahí? No respondí, pero al levantar la cabeza vi a un hombre sentado en las vías del tren, su ropa estaba rasgada y el olor que se desprendía de su cuerpo no era más que olor a fierro viejo, olor a tren y tenía la cara más triste que cualquier hombre pueda tener. Considero que los que caminamos junto a las vías del tren debemos estar preparados para ver las caras más tristes del mundo.

annie

A Blanca no le gusta que la gente recurra al sarcasmo para hablar. Dice que las personas que usan el sarcasmo no tienen otra manera de ser simpáticos. A veces ella usa el sarcasmo cuando conversa con la gente pero, su sarcasmo es tan convincente que los demás no lo toman como tal, se sorprenden y la tachan de grosera e imprudente. Cuando ella ve la cara turulata de su interlocutor, se disculpa: no es cierto, estoy jugando. A ella no le funciona ser sarcástica. Luego, se pone a hablar de Rogelio, su ex esposo. Habla de cuando eran felices, del primer beso, de sus viajes juntos, de todo el apoyo que le dio y después, aparece la otra. "Todo los hombres son iguales, te dejan por otra" Su interlocutor no reacciona ante tal afirmación, permanece inmóvil, mudo, ni siquiera sonríe con los ojos. Y Blanca sigue hablando de la otra. Que era la secretaria, fea, llegaron a ser amigas, le quitó al hombre de su vida. "Pero si Rogelio no me hubiera dejado, yo no lo habría dejado a él. Ni siquiera por dignidad" ¿Estará siendo sarcástica? -se pregunta el que la escucha- Y vaya que es necesaria esta pregunta, a ella no le enseñaron a combinar adecuadamente las palabras con sus expresiones faciales. "Sí, yo lo quería tanto. No es bueno casarse, luego te dejan y uno tiene que tragarse el amor a cucharadas, tan difícil que es hacerlo. Uno parece niño chiquito haciendo gestos porque sufre al tomar su medicina amarga para la tos. ¿Por qué sonríes?". No, no estaba siendo sarcástica.

annie

Se acercó a ella y le dijo: ¡Oye! ¿Me puedes decir como te llamas? Desde hace rato te he estado siguiendo y sólo porque te me haces conocida, no creas que soy un pervertido o algo similar. Pero, ahora que te veo bien me doy cuenta de que te he confundido, discúlpame. ¿Me puedes dar tu número de teléfono?

Cada segundo pasa algo así en cualquier lugar del mundo, con la diferencia de que algunos recitan poemas, otros son arrestados por acoso o simplemente ignorados.

annie

Hoy recordé que hace tiempo un anónimo -creo- comentó una de mis entradas y me dijo que no pasarían muchos años para que yo me convirtiera en un perfecto engrane del sistema. Su pronóstico llegó muy tarde porque desde que nací soy un perfecto engrane del sistema.
Hoy di me brazo a torcer después de varios lloriqueos, pataletas y berrinches; vendí mi alma al mundo, a la sociedad y al diablo. Nada especial.
A pesar de que yo sé que el hacer las prácticas profesionales es algo NECESARIO para tener el papelito que habla inventaba muchos pretextos: no me gusta, está muy lejos, falta mucho -poco- para que salga de la universidad, no es lo que quiero para mí, no me hablan y etcétera. Ahora que fui a una entrevista modifiqué mi comportamiento, sonreí amistosamente, me mostré optimista y... dije que sí, que sí quería hacer mis practicas ahí. El lunes empiezo. Me despido de la holgazanería matutina.
Sin embargo, estoy contenta porque me gusta donde es y no lo digo por la empresa, lo digo porque desde donde está se ven los cerros.
¿Y eso qué? Mucho.

annie

3 años

Hoy se cumplen tres años de la existencia de este blog, no sé si debería decir felicidades o algo similar. En realidad, tampoco sé a quien felicitar si al blog por su existencia o a mi porque si yo no hubiera intervenido simplemente no existiría. Sin embargo, no tengo ganas de divagar respecto a eso. El blog existe y punto.

Pensaba en todo lo que he escrito, en el primer año sólo son delirios de un pre adolescente -supongo que aún lo son- escribía asquerosamente, abusaba de las groserías, todo lo escribía tal y como lo pensaba; mis dedos no se daban abasto para escribir todo lo que quería y al final -según yo- era un post genial. Que mentira. El año pasado que los re-leí me dieron risa. "No puede ser que haya escrito algo así". Me regodeaba de aquéllas pequeñas frases que en su momento yo consideraba como geniales y que hoy... hoy mejor no digo nada.
Al siguiente año, no sé que fue lo que pasó y mucho menos en este. Aprendí a desprenderme ligeramente del "yo", intento escribir mejor -no estoy diciendo que escriba perfectamente, pero vaya, si veo una GRAN diferencia- no sé si al principio tenía algún objetivo o si lo tenía y lo perdí o si lo tengo pero lo ignoro.

Puedo decir con seguridad que este blog no representa todo lo que soy o lo que pienso o lo que etcétera. He sido honesta con cada una de las cosas personales que he escrito y ustedes ingenuos, me han creído. Gracias.

annie