Hay días en los que pienso que el mundo, la vida o yo misma no me permiten que me olvide de mi pasado. Sí claro, hay cosas importantes, importantísimas, que jamás se olvidan. Pero, quedan aquéllas que son insignificantes, simples, vulgares y hasta insípidas, pero ahí están. En mi cabeza, en mi piel, en mi pasado. No recuerdo con exactitud que es lo que llevaba puesto el treinta de julio de mil novecientos noventa y cinco (por decir alguna fecha) pero lo que me ocurrió el treinta y uno de diciembre del dos mil uno, claro que lo recuerdo.
A veces, cuando voy caminando por las calles, ahogándome entre tanta gente, lo veo a él o a ella. Y su fisonomía es exactamente igual a la chica que me caía mal en la preparatoria o el cabello de ese él o ella me recuerda a la persona que me vendió un chicle hace un par de años. Todo esto desencadena una serie de vivencias que había olvidado, que ignoré, que no tenía conciencia de haber vivido pero que viví (por muy estúpido que suene todo esto) y me jode y me asfixia y lo vuelvo a olvidar.

annie

La Economía es el estudio de las elecciones que la gente hace ante la existencia de recursos escasos. Así es, señores. De esto y nada más se trata la economía, de los recursos y los deseos, de que los deseos son ilimitados y los recursos mucho muy limitados, todo esto provocando que nos veamos volcados en el laberinto de la escasez, porque hasta el más rico, incluso el hombre más poderoso del mundo, tiene deseos que jamás podrá alcanzar. Por ello, es necesario que todos sepamos lo que es Economía, pero sobre todo, saber emplearla. Roberto, el prodigio de la economía ha hablado. El hombre cuya obsesión hacia ésta materia lo ha llevado a considerarla como La Vagina de toda ciencia social, de la vida del ser humano, del mundo. Esto lo refleja a lo largo de los cincuenta minutos que dura su clase. Él llega sosteniendo su maletín con su mano derecha, unos cuantos libros bajo el brazo izquierdo y dejando a cada paso que da un aroma que es capaz de perturbar a la mujer más frígida que esté en su camino. Se acomoda en su escritorio, ve rápidamente a los presentes y después procede a tomar lista. Una vez que el ritual es completado, llega la parte en la que su corazón empieza a bombear sangre a una velocidad descomunal con destino hacia su flácido pene. Economía: La Vagina de las Ciencias Sociales. Explica lo que es el costo de oportunidad; su cara enrojece. Costo marginal; su frente está sudando. Crecimiento económico; su pantalón parece una carpa de circo. Muchas gráficas, demasiados conceptos, muchos espermatozoides que ansían salir para navegar dentro de La Vagina. Su pene erecto bajo el pantalón asusta al público que entre risas y ojos sorprendidos tratan de dar alguna opinión para que Roberto se calme un poco, sin embargo, estos intentos fracasan. Roberto destruye sus opiniones, las pisotea y las aniquila y su pantalón está a punto de romperse. Su pasión es inaudita, él no deja de imaginar a La Vagina que usa, acaricia, besa, lame, penetra y expande sin piedad cada que habla de Economía. "Pero todo esto es muy bonito, la vida real está allá afuera, con Silvia Pinal". La clase ha terminado. Los alumnos recogen sus cosas. El profesor Roberto regresa a su escritorio repitiendo compulsivamente la palabra Economía que se escucha distorsionada por los jadeos y gemidos que interrumpen su respiración.

Eyacula.

annie

Está jodida mental, emocional, espiritual y físicamente.

¿Sexualmente?
¡Claro que también está jodida!

En éste aspecto y en el otro.

annie

A veces uno habla de lo que le atormenta el corazón o simplemente, de lo único que se reduce su vida. No porque su vida sea solamente eso, es porque uno así lo permite. Esto se puede ver reflejado en cada una de las conversaciones que entabla con los demás. Siempre hablar de lo mismo. Generalmente esto consiste en quejarse, quejarse y quejarse. No hay más. El corazón está adolorido y el cuerpo, de manera aparente, no lo resiente. Pero basta con ver sus ojeras, sin pasar por alto que se debe poner mucha atención a sus conversaciones. A las conversaciones de la persona o del corazón, no de las ojeras.

***

Y que venga un nuevo día. Otro más.
Durante las últimas dos semanas, me lo he encontrado. Ahí parado, con la mirada perdida y su bufanda blanca rodeándole el cuello. Hago como que no lo veo, pero el sí me ha visto y aquí vamos de nuevo. Me escondo tras la espalda de cualquier desconocido esperando a que no se mueva y por consiguiente, que no me vea la bufanda blanca. Me ha visto, me di cuenta desde que me enfilé a la parada del camión. Me ha visto y finjo que yo a él no. Reconozco su cuerpo y no es necesario mirarlo fijamente a los ojos estando a unos veinte metros de distancia, más o menos. Sé que si lo veo a los ojos, él se habrá dado cuenta de que lo he visto y todo, todo, absolutamente todo se habrá ido a la mierda. Entonces estamos ahí, esperando el camión que nos llevará al trabajo, él me ha visto y yo a él, aparentemente, no. Qué bien. Mientras pienso en la espalda del desconocido que me dejará descubierta en cuanto pase su camión, pienso en qué hacer. ¿Me subo a otro camión sin que la bufanda blanca se dé cuenta? ¿Y si se acerca? ¿Y si nuevamente coincidimos en el camión, en el mismo asiento y de nuevo, de nuevo comienza a hacerme preguntas, intenta entablar una conversación, me cuenta de la fijación que su hija de escasos dos años tiene con Dora la exploradora?
Hago un breve paréntesis para recordar la fijación que su hija tiene con Dora la exploradora. Mini bufanda blanca tiene dos años, muy apenas dice unas cuantas palabras y duerme con sus padres porque le da mucho frío en las noches. A ella le encanta Dora la exploradora. Siempre quiere ver a Dora la exploradora. Su sobrecama es de Dora la exploradora. Su ropa tiene dibujada a Dora la exploradora. No importa cuántas películas de Walt Disney le compren sus padres, ella simplemente quiere ver a Dora la exploradora. Que se joda Bambi, el Rey León, Cenicienta, Blanca Nieves, La dama y el vagabundo, que se jodan todos ellos menos Dora la exploradora. Un día, Bufanda Blanca llegó a su casa, y su hija, su mini bufanda blanca, entre balbuceos pudo decirle: Mira lo que mi mami me compró. Era un calzoncito que en la parte trasera tenía a Dora la exploradora. Se levantaba su vestidito una y otra vez para enseñarle a su papi a Dora la exploradora. Que se joda el mundo, señores. Menos Dora la exploradora o mamadora, como usted guste llamarle.
Me extiende su mano y me saluda, que cordial es. Maldita sea. Nos iremos juntos al trabajo. Maldita, maldita sea. Me vio, tuvo el descaro de acercarse, de saludarme, de sentarse junto a mí, de contarme sobre sus viajes a Francia, Inglaterra, Japón, Canadá, Argentina, España, sin hacer menos que también ha visitado Cancún, D.F., Monclova, Mazatlán, Tampico, Cuernavaca, Toluca, Acapulco y otros muchos lugares que ahora no recuerdo y supongo, no importan. Habla de cuan desgraciado se siente trabajando ahora ahí, en un lugar que no le ofrece lo que antes tenía. Sí, ajá, ¡Oh!, ah, no, Hmm; es lo único que puedo decir, simples monosílabos. Me dice que cuando quiera puedo ir a su oficina a tomar todo el café que me dé la gana. Gracias.
Así han sido por lo menos cinco de las últimas dos semanas, intercalados. Los días restantes no ha sido así porque me voy más tarde o porque antes de que me vea, ya estoy en otro camión, en una ruta distinta, en un camión que me deja lejos del trabajo y que implica tomar después un taxi. Me bajo en una plaza, saco un cigarrillo y fumo, se me hace tarde, sigo fumando, hace frío, sigo fumando. Pasa un camión e imagino que ahí va Bufanda Blanca, que me vio y se preguntó qué es lo que hago ahí. Como si importara. No importa. Tomo un taxi. Llego al trabajo. He gastado más dinero. Pero mi viaje fue solitario, como me gusta. Y sin Dora la mamadora.

***

-¿Algo más?
-Sí, unos cigarros.
-¿Qué?
-Unos cigarros, Camel o Lucky, lo que esté más cerca de su mano.
-No puedo venderle unos cigarros, se ve muy chica. Enséñeme su credencial de elector.
-Aquí está.
-¡Pero si usted se ve de diecisiete años!
-Y hoy cumplo veintiuno, chéquele bien.

***

Así son las cosas, simples. Las decisiones también deberían ser simples, sin embargo, por muy sencillo que sea decidirse por alguna cosa, a veces no es así. Mucho menos cuando esa decisión hará puré tu destino o futuro o vida. Por eso, lo dejé a la moneda. A una simple moneda de cincuenta centavos. Águila tal, sol tal. Dos de tres. Dos de tres: sol. El sol ahora rige mi vida. Lo regirá hasta que me fastidie, hasta que mis trompas de Falopio se decidan y me hagan dar un giro de ciento ochenta grados o hasta que muera. Mientras tanto, el sol rige mi vida. La moneda, siempre poderosa y ostentosa. Ahora, lo que sigue es -como siempre- culpar a alguien más. En este caso, ese alguien es un algo: la moneda. ¿Por qué eres eso? Porqué la moneda me dijo. Me lavo las manos pero siguen mojadas por culpa de la pinche moneda. El único consuelo que me queda es aquél dicho negativo: No se puede tapar el sol con un dedo. ¡Qué decepción! ¡Puedo darme el lujo de decir que yo sí puedo! Lo he practicado. He puesto mi dedo pulgar, el índice, el cordial, el anular y... el sol queda tapado, el sol de la moneda. No me basta con un sólo dedo, me sobran otros tres para respaldar lo anterior. Del meñique ni hablar, es pequeño y se ve un poco el sol. Algún día todas mis maldiciones recaerán sobre mi dedo meñique. Mientras tanto, hay que seguir al sol.
No quería que saliera águila.

***

Para mí no hay nada detrás de la ventana. Está enfrente.

***

En ocasiones olvidó porqué empecé a fumar. Fumar por todo: porqué algo bueno pasó, para tranquilizar los nervios, para que la plática se vea enigmática rodeada de humo, porque estás leyendo, para pensar mejor, para que el coraje se disipe, para caminar a gusto, para no llorar, para calmar el frío, porqué sí, ¿Por qué no? Para recordar, olvidar y volver a vivir, para nada, porque el alcohol lo amerita, porqué te gusta. Para tener la certeza de que efectivamente, me voy a morir.

***

"Esto te gustará, pero perderemos el control".

***

-¿No has tomado nada para la gripa?
-No, me da miedo después del correo aquel donde dice que varios medicamentos antigripales pueden hacer que te explote la cabeza.
-Pues escribe en una hoja todos los nombres de esos medicamentos y cuando vayas a la farmacia les dices que quieres cualquier medicamento que no esté en la lista, obviamente que sea antigripal.
-Me mandarán con un brujo o simplemente se reirán de mí. Mejor que me explote la cabeza.

***

Te escribí una carta. Puse tu nombre y después dos puntos seguidos. Luego volví a escribir tu nombre tres veces. Tu nombre y una coma, tu nombre y otra coma, tu nombre y punto final. En la parte baja de la hoja puse "Atentamente Annie". No hay más, ese es todo el contenido de la carta. Todo se reduce a tu nombre escrito cuatro veces. Eso es todo lo que quiero decirte.


annie

He decido que el único propósito de año nuevo será hacer ejercicio. No es por vanidad, ni por salud, ni para "tener condición", ni para eliminar el insomnio, ni por que a Chuchita la bolsearon. Nada de eso. Cuando la gente hace ejercicio es feliz gracias a las endorfinas. Endorfina, la hormona de la alegría, reduce el dolor físico y qué mejor... aumenta el amor por la vida. Amor por la vida ¡Qué cosa tan maravillosa! Haré ejercicio, me sentiré feliz y el plus es: amar la vida. Tlaloc nos bendice con cosas tan maravillosas y yo, perro mal agradecido, estoy aquí frente al ordenador, postergando mi felicidad e impidiendo que la vida me robe el corazón. Sin embargo, las contradicciones se hicieron para mí. Yo, pobre engendro humanizado, me regodeo en la miseria, en la propia y en la ajena; sólo es cuestión de que observe un poco mi interior y... me carcajeo. ¡Soy feliz! ¡Adiós estúpido propósito inútil! ¡Bienvenida sea la miseria! ¡Que exploten las endorfinas dentro de mí! ¡Amo la vida! ¡Bienvenida sea la felicidad!

annie

Soy una pécora, una indecente, una impúdica, una maldita desvergonzada. Recibí el año haciendo uso de mi poca sensualidad femenina, es decir: en vestido. Después de tantos años de no usar un artefacto tan erótico como ese dejé mis piernas al descubierto el último día del año pasado y los tres primeros de éste. El espejo me admira y yo al espejo y el mundo es amable conmigo.
Aún así, estoy pensando muy seriamente no volver a usar un vestido; tanta amabilidad de parte del mundo, me asusta... y me encanta. Me asusta y me encanta. Me asusta y me encanta. Me asusta y me encanta. Me asusta y me encanta...

annie