En el messenger tengo agregado a un niño de escasos diez años. Supongo que aun no tiene su primer sueño húmedo, como si importara. No me tachen de pedófila, no lo soy. Lo tengo agregado porque es hermano de una amiga. Y es tan tierno verlo correr por las calles cuando juega con sus amiguitos y conmueve hasta los huesos cuando se le ve cumplir su función de tío. Me divierte platicar con él, es entretenido y, puedo asegurarles que a pesar de su corta edad, tiene buena ortografía. No acorta las palabras en las conversaciones vía messenger. Aplausos. Le gusta el Hip Hop y yo le digo que es un naco. Él se ríe. De nick tiene su nombre y también tiene la siguiente frase: "La vida es una historia de mierda". Su mamá dice que es un niño muy maduro. Le creo.

annie

Hace días recordé que no tengo dignidad. Se la regalé a él, cuando yo tenía 18 años y él 22.


annie

Soy la reportera de la empresa donde hago mis prácticas. La empresa se dedica a producir piezas de metal de otras empresas, obviamente, cada una de las piezas a elaborar tienen un plano en donde se especifican las medidas y el material. Cada pieza tiene un número de parte y ese es el nombre que recibe durante el proceso. Estoy en el área de calidad donde se miden las piezas muestra y, las medidas reales son comparadas con las especificadas en el dibujo. Ahí es donde intervengo yo. Hago un reporte de cada número de parte. Nombre de la empresa que hizo el pedido, el nombre de la empresa productora, número de parte, nombre del número de parte y comparaciones de las cotas reales y las teóricas. Mucha diversión al por mayor. Durante todo el día estoy rodeada de números, de tolerancias, del signo positivo y del negativo, de piezas que sabrá dios para qué son. No importa. Hacer los reportes es un maldito martirio. Luego, llega mi jefe y me pregunta que si no sé si ya se embarcó la pieza 1YEE4568679-001 y le contestó que no sé, que no me acuerdo. Como si todo el tiempo estuviera pensando en las piezas a producir, embarcar o medir. Como si mi vida girara en torno a las malditas piezas. Que no me joda. Tengo cosas mejores en que pensar, por ejemplo, que aún no sé de qué color son las quijadas del cangrejo y, de verdad, eso es algo que no saben cuánto me preocupa.

annie


-Annie, tenemos que aprovechar esta edad porque luego será siempre lo mismo. Mi hermana me dice que estoy en el momento de hacer todo lo que yo quiera, de conocer mucha gente, de salir, de disfrutar... después todo será trabajo, trabajo y más trabajo, ¿te imaginas? Todas tus relaciones estarán limitadas a tu entorno laboral: salir con tus compañeros de trabajo, ser novia de de alguien de tu trabajo, etc, etc y etc. Qué aburrido, ¿no crees?
-Haz un tuiter.

annie

Siempre había dicho que la caricatura de Bob Esponja es una completa porquería. Desde hace tiempo, he dejado de pensar y decir lo anterior. Me divierte y me entretiene. Incluso, me declaro admiradora de Patricio que, muy a su pesar de ser un completo estúpido, su condición de ser baboso -física y mentalmente- lo hace muy inteligente; supongo que cumple la función de persona tonta con momentos brillantes. En este momento estoy escuchando a Calamardo decir que Patricio no es el rey. Lo sea o no, dice cosas interesantes. Hace unos cuantos minutos Patricio le dijo a Bob Esponja que la vida no fácil, que se acostumbrara.
Pero mi amor es para Plancton. Tan adorable él.

annie

Nos bombardean con anuncios publicitarios sobre el Instituto Federal Electoral (IFE) diciéndonos que no olvidemos sacar nuestra credencial de elector al cumplir 18 años. Que lo hagamos. Que si la tenemos nuestra voz será escuchada. Que nos veremos cool mostrándosela al mundo. Que no importa la cara de turulato que quede perpetuada en ese plástico rectangular porque al fin y al cabo lo que importa es tenerla, poseerla, masturbarte o limpiarte el culo con ella. A los dieciocho años eres apto para guardar en tu carterita tu identidad; la que te abre las puertas a los vicios y te ayuda a formar parte de la voz popular. Y yo, lo único que hago y puedo hacer es pensar en los pobres e ilusos infantes. Con sus derechos y obligaciones. Con sus llantos y sus tareas. Que ayuden en las labores del hogar y no le contesten a sus padres. Aún no tienen derecho de ser escuchados. Hasta los dieciocho años. Cuando tengan su credencial de elector y su voz pueda ser escuchada.
Que espera tan decepcionante.

annie

Bueno, entonces... ¿Qué pasará si lo dejo en blanco? Probablemente muera mañana y jamás sabremos qué es lo que hubiera pasado al final, pero, ¿y si no muero? ¿Y si mi vida sigue su curso normal? Levantarme por las mañanas, cruzar las vías, ir al pseudo trabajo, pensar un poco más en mi vida, leer un poco más pero mucho menos, comer, dormir... el ciclo normal de la vida. Veamos: me pongo de pie, sonrío, me voy, mentalizo todo lo que tengo que aprender en poco tiempo, me visualizo satisfecha con el resultado final...
Ahora que recuerdo, despidieron a Don Bufanda Blanca, al menos eso es lo que me dijeron. Cuando me dieron la noticia exclamé: ¡Pero si a mí me caía muy bien! ¿Por qué se fue? Y aquél chico volteó a verme y me dijo: nada más a ti te caía bien. Pensándolo bien, no creo que me haya caído bien en el tiempo que lo conocí, incluso, creo que me era indiferente. Sin embargo, la indiferencia no pretexta la repulsión que me causaba encontrármelo cada mañana en la parada del camión. ¿Yo soy la culpable de que lo hayan despedido? ¿Fue tanto mi desprecio hacia él que la ley de la atracción -o la no atracción- hizo que lo corrieran para que yo pudiera ser un poco más medianamente feliz por las mañanas al tomar el camión? ¿Ahora que no me lo encuentro en el camión, soy feliz? Después de todo, creo que su existencia me molestaba sólo por las mañanas, el resto del día no me importaba... no sé cómo definir eso. Egoísta. ¿Pero por qué estoy pensando en esas cosas? ¡NO!
Debo concentrarme en esto, solamente en esto, en lo que me garantiza escalar un peldaño más al triunfo. ¡Ja! Recuerdo cuando todo esto lo veía así: Voy a tener un trabajo bonito con una oficina bonita, mi carro bonito, mi departamento bonito, dinero bonito a manos llenas... ¿Y ahora? Ahora todo eso se ha ido al caño, ¡ya no me interesa! Dejé de verlo como mi máximo en la vida, como la razón de ser de mi existencia. Claro, uno que más quisiera tener todas esas cosas y ser feliz (¿?) a base de cosas materiales que son producto del sudor de tu frente, del madrugar para que dios lo ayude, etcétera. Ahora, me limito a observar con cierta admiración a todas aquéllas personitas que mantienen lo anterior como su ideal de la vida. Ellos lo que quieren (además de ser exitosos profesionalmente) es una familia, realizarse como mujer o como hombre o como seres humanos, piensan que si no fundan una familia su existencia habrá sido en vano, que sus estudios fueron una pérdida de tiempo, que sus padres se desilusionarán por no tener nietos. ¡Qué bonita vida! ¡Qué maravillosa imaginación! ¡Qué bueno que a ellos la vida les funciona así!
En este momento odio con todo mi ser al señor Flores, ¿a mí qué coño me importa si quiere invertir no sé cuántos miles en el banco con quince por ciento de interés anual? ¿Por qué tengo que sacar yo sus malditas cuentas? ¿Por qué juzgan de esta manera mi inteligencia? ¿No les basta con que venga y caliente el banco, que diga presente cada tercer día? El aplicar exámenes es un homicidio colectivo, un atentado contra la sociedad, un desgaste emocional. ¡Un examen no garantiza que a una persona le haya funcionado ir a clases durante cierta cantidad de tiempo! ¿Y si el chico tiene un golpe de suerte en las dos horas que dura el examen? ¿Y si las respuestas le caen del cielo? Un simple error en la conexión de su cerebro y ¡PUM! logra contestar correctamente el examen. ¿Eso es ser inteligente? ¡Pamplinas! Los exámenes no deberían existir. O tal vez, debería ser un poco osada como mis compañeros. Ellos van, sacan copias de los problemas en diminuto y responden el examen. ¿Y yo? Yo no puedo hacer eso. Me da miedo, sufro de pánico escénico, siento que por el simple hecho de ser yo la que tenga las reducciones entre las manos, todo se irá al caño y me descubrirán. Aun así, está la contra parte: sacar el cuaderno. Prefiero mil veces sacar el cuaderno a traer los problemas hechos rollito entre las mangas o dentro de los calcetines. Por lo tanto, estudio. Trato de comprender los temas y de adaptarlos de manera tal que se me haga más sencillo aprenderlos.
¡Esa no es mi inteligencia! ¡Un cien en el examen no me dice que yo sea un ser altamente ingenioso!

Me pongo de pie. Entrego el examen resuelto. Sonrío. Salgo del salón. Pienso como los demás que el que madruga dios lo ayuda, pero, no por mucho madrugar amanece más temprano, sin embargo, dios proveerá. O cualquier otro refrán que se acomode a la ocasión.

annie

Hay una frase que me gusta mucho del libro que estoy leyendo, dice así: No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo.
*Silencio incómodo*

annie