Me dice que me va a dar una foto de él para que siempre lo vea. Todo esto fue dicho después de que se da cuenta de que no puedo dejar de admirarlo, no mirarlo. Le respondo que sí, que quiero una foto suya. Se ríe. Se carcajea. Y no es alegría, es burla. Sí como no.
Ya tengo lo que aun no quieres darme, tontuelo.

annie

Hace muchos años, en un día del padre cualquiera, mis hermanas y yo le hicimos un pastel a mi papá. Era de plátano y usamos harina para hot cakes. Todo dentro del horno. Sin olvidar el Rexal mal untado en el traste. Cuando mi papá lo vio, dijo que era el peor pastel que jamás había visto. Que mejor le hubiéramos comprado uno de soriana, de los que cuestan treinta pesos.
Como quiera se lo comió.

annie

Pasa que ultimamente no tengo muchas ganas de leer. De hecho, son nulas.
Hace una semana compré un libro, no llevo ni la mitad. No me atrae, no me dice: "por favor, léeme" y eso es algo un poco triste. Tal vez sea por culpa de la calor. Sé que me veré muy cliché pero, disfruto leer cuando hace mucho frío, acostadita en mi cama, con una cobija encima y café y cigarrillo en mano. No importa. El punto es que hoy fui a una librería. Estuve dentro de ella durante aproximadamente una hora. Miraba libros, los tomaba, los dejaba, volvía a ver libros, preguntaba por algunos títulos y, como siempre, no los tenían. Salí con las manos vacías y con el bolsillo igual de repleto que cuando entré. Me dirigí hacia soriana y compré comida deliciosamente engordativa y una bebida para alcohólicos rehabilitados.
¡Dios, hace tanto tiempo que no tomo como el diablo manda!

Regreso a casa. Doña-doña me pregunta qué compré. Le digo que nada. Que nunca tienen los libros que quiero. Cinco minutos después, vuelve a salir de su cuarto y me dice: Annie, tengo este libro. Es de Leonardo da Vinci, su biografía, ¿lo quieres leer? Y le digo que sí. Subo las escaleras. Me siento en el borde de la cama y pienso: La cultura general no se le debe negar a nadie.
Pero sigo sin ganas de leer.

annie