¡Qué flojera ir a vender mis conocimientos y habilidades!
Fui a la entrevista. Llegué a tiempo, como de costumbre. Mi padre me enseñó a llegar por lo menos quince minutos antes de lo acordado en alguna cita, tan riguroso que era él. Un compañero de la escuela me llevó a la empresa porque yo no sabía cómo llegar, él trabaja ahí. Error. No me gusta compartir lugares fuera de la escuela con gente de la escuela, sobre todo sino convivimos mucho, luego creen que por eso ya somos amigos. A la gente le gusta imaginar mucho. No mezclar negocios. Se agradece la atención. Llego a la caseta de vigilancia y me preguntan que con quién voy. Digo que con la chica de recursos humanos. Me envían a recepción. Hay dos chicos más esperando ser entrevistados. Muy elegantes ambos. Como se debe de vestir uno para las entrevistas, pues. Pantalón de vestir, camisa, zapatos pulcros, una buena dosis de gel para el cabello y cara de optimista. Yo también tengo cara de optimista. Pasan los dos chicos y yo sigo ahí, sentada, viendo los distintos premios que la empresa se ha ganado en veinte años. Hola, ¿cómo estás? Puedes pasar a la oficina. La chica de recursos humanos camina de forma pausada, ni siquiera mueve los brazos al andar. Dos sillas dentro de la oficina frente a una computadora. Es muy amplia la oficina. Nos sentamos. Me pregunta que si traigo mi curriculum. Se lo entrego. Silencio. Platícame de tu familia. Le hablo de mis hermanas y de mi madre, le digo que mi madre es una viuda digna y decorosa; así se presenta ella. Hace anotaciones en mi curriculum, me muero por leer lo que escribe. Sonrío. Platícame de ti, qué te gusta, tus cualidades. Le digo cosas generales: honesta, sencilla, ordenada. Sonrío. Sonríe. Parece estar contenta con mi persona. ¿Cuáles son tus planes a mediano y corto plazo? A mediano plazo: recibirme con éxito de mi carrera universitaria, tener un trabajo que me permita contribuir a la sociedad y que además, me haga crecer profesional y personalmente, y estudiar otra carrera. A largo plazo: viajar, comprarme una casa, casarme y tener hijos. Mentí. El vestido con cincuenta por ciento de descuento aparece en mi cabeza. Sonrío. Parece satisfecha. Me explica cuáles son las actividades de la vacante disponible y me pregunta si me gustaría ser parte de la empresa. Sí, respondo. El vestido nuevamente aparece en mi cabeza. El optimismo se me ha encarnado. Nos despedimos. Me dice que ella se comunicará conmigo para decirme cuál fue la decisión final. Sonreímos.
Al día siguiente me llamó. Que fuera a las capacitaciones.