Lo recuerdo. Lo recuerdo como si fuera ayer. Mi madre nos había mandado a otra ciudad, con un par de maletas y un montón de saludos para mis tias y primos, mientras en la estación de camiones nos esperaba mi hermana mayor. Alicia tenía diecinueve años, yo sólo quince. Habían pasado tres meses de aquella fatídica foto en donde se me retrató con un vestido color palo de rosa y una horrenda corona de flores. Eso no importa. Era la semana santa. La gente comía peces muertos con sabor a pimienta, sal y limón, y en tanto, nosotras nos encontrábamos con mi hermana en aquella estación de camiones. La estación era muy linda. De primer mundo, como le gusta decir a la gente. Al día siguiente fuimos con mis tías y mis primos, les dejamos los montones de saludos que mi madre había enviado con nosotras, descansamos, los saludos hacían mucho peso en nuestras cabezas. Era viernes. Sí, era viernes. Viernes santo. Nos invitaron a comer. Fuimos a un lugar donde venden hamburguesas y pedimos hamburguesas. Entre risas, anécdotas y mimos hacia mis primos más pequeños, fueron deliciosas las hamburguesas. Era viernes, viernes santo, no se me olvida. Luego nos despedimos y fuimos a descansar. Cuando regresamos con mi madre, yo fui a casa de una amiga. La tía de mi amiga estaba en casa y me preguntó sobre el viaje, le dije que fue muy agradable ver a mis tias y a mis primos. Luego me preguntó que si fuimos a misa el viernes santo y le dije que no, que en lugar de eso fuimos a comer hamburguesas y que, entre risas anécdotas y mimos hacia mis primos más pequeños, fueron deliciosas las hamburguesas. ¿Comiste carne el viernes santo?, preguntó. Respondí que sí. Entonces, su cara se transformó de manera horrenda, como si alguien le hubiera sacado la matriz en ese momento sin anestesia y ella manifestara sólo con su rostro todo el dolor que le producía. Te irás al infierno, diosito no perdonará tal infamia de tu parte.
Eso pasó un martes, un martes no santo, no se me olvida.

annie

2 claustrofobicos:

Rev. Alexander Strauffon dijo...

¿Qué importa la dichosa condena de los católicos ortodoxos, en tanto haya sido una, como dices, muy deliciosa hamburguesa?

Me has antojado.

Iasadora dijo...

jaja... Que interesante relato, me ha agradado. Las personas se meten tanto en la idea que se vuelven mounstruos religiosos...

Saludos!