La universidad: dos.

Conocí a Ozzy y a Vampiro. Pelo largo, pantalones de cuero, playeras rasgadas y un vocabulario muy florido. Los dos vendían accesorios femeninos artesanales en los pasillos de la universidad. Todos los días, al salir de clases, Kytsia y yo íbamos con ellos a platicar y reírnos de la gente que pasaba. Disfrutaba mucho ver cuando Vampiro le ofrecía a la gente sus productos. A ellos les fascinaba ver a las chicas guapas que pasaban frente a ellos. Eran su cliente preferido. No olvido la ocasión en la que una chica se acercó y preguntó por el precio de unos aretes. Cuestan cincuenta pesos, dijo Vampiro, pero por ser para ti te los dejo en cincuenta. Y reímos. La chica no. Ella se molestó y se fue ofendida. Ozzy decía que su apodo era porque le gustaba mucho Ozzy Osbourne. Vampiro nunca nos dio la razón de su apodo. Tampoco se la preguntamos. A veces nos invitaban a escuchar rock de antaño pero siempre les dijimos que no. Un día, pasamos por ahí con la intención de hacer lo que durante cuatro meses habíamos hecho: platicar con ellos. No estaban. Se habían ido. Para siempre. Ya no había aventuras sobre sus ventas exitosas de accesorios femeninos artesanales en la playa de Cd. Madero, Tamaulipas. Pasamos a segundo semestre. Kytsia desapareció.

annie

1 claustrofobicos:

Rev. Alexander Strauffon dijo...

Siempre hay un apodado "Vampiro". El de mi facultad era un simplon.