22

Cuando tenía 17 años mi hermana mayor me dijo que por mi forma de ser y de pensar, a mis 22 años, sería una mujer amargada y sin ilusiones.

Hoy tengo muchas ganas de correr y cubrirle la cara de besos.

annie

El semáforo está en rojo. Es en ese momento, durante la magnitud de los veintiocho segundos que su auto se mantiene inerte ante una señal de tránsito, en el que recuerda la confesión que hizo a sus amigos. ¿Por qué? -se pregunta- ¿Por qué lo hice? -se arrepiente-. Luz verde. El auto permanece estático. ¡No debí hacerlo! Arranca. Sus palabras reaparecen.
Soy un cabrón pero, me he enamorado, una vez, sí, una vez, fue terrible; la amé demasiado, incluso dejé de tomar por un tiempo pero después no me importó, volví a tomar y era en esos momentos en los que el valor me encontraba y yo iba a buscarla, borracho la buscaba en su casa. Llegaba y golpeaba la puerta, le gritaba que la amaba pero no soltaba mi cerveza. Y ella salía de su casa y me preguntaba que por qué estaba borracho y yo le decía que por ella, porque la amaba y quería que estuviera siempre conmigo, que si me lo pedía me cambiaría de religión y adoraría al monigote que cuelga de la cruz y ella se enojaba conmigo porque insultaba a su dios, trataba de arrebatarme la cerveza pero yo no la dejaba y luego ahí estaba ella otra vez, llorando porque verme borracho le hacía daño y nunca la entendí. Nunca la entendí, pero la amé. Hace dos años que pasó, es la primera vez que lo platico, me da un poco de pena.
Siente pena por él, por abrir su corazón a un par de fumadores. Recuerda las palabras de aquellos fumadores antes de que él hiciera su confesión. Anda, cuéntanos si te has enamorado por lo menos una vez en tu vida, es algo normal en los seres humanos: emocionarte, amar, sufrir, llorar, olvidar. Es el proceso automático de esta mierda de vida. ¡Anda, no seas cobarde!
Y le prometieron que su confesión no saldría de ahí, que jamás volverían a comentar algo al respecto. Promesa de fumador, le dijeron. Confió. Confesó.
Semáforo en rojo. El prometió dejar de fumar hace dos meses; sigue fumando, olvidó esa promesa. Miguel prometió dejar de fumar hace tres años, volvió a fumar seis meses después de dicha promesa. Antonio dijo que era un buen día para dejar de fumar; al salir de casa, se compró un encendedor y, al llegar al bar, su cajetilla estaba casi vacía.
Verde. ¿Promesa de fumador? ¡Pobre, pobre de mí!

annie