Estos últimos días ha hecho mucho calor por acá. Demasiado. La temperatura más alta que se ha registrado es de 47°C, al menos eso es lo que dicen los termómetros de los carros. Mucho calor. Tanto que los arbustos se prenden porque a Dios, Tlaloc o a Monesvol se les ocurrió. También sospechamos del Unicornio Rosa Invisible. El aire se siente caliente y eso es más que suficiente para que todos nos quejemos y lloremos y pensemos que el fin del mundo está cerca.
Sin embargo, el sol merece una mención honorífica. El señor sol. Sol.
Los amaneceres han sido hermosos. El Sol luce espectacular. Lo podemos ver sin que nuestros ojos lagrimeen. Es como el Sol que sale en los documentales de Discovery Channel donde hablan de elefantes, jirafas y apareamiento de los leones. Y suricatos. Ya saben, la hermosa imagen donde hay un circulo enorme rosadoanaranjadorojizo con la que todos suspiramos y a la vez pensamos "algún día tendré la oportunidad de ver un amanecer como ése". Luce africano. Sol Africano. Tenemos un Amanecer Africano.
Compartí esta impresión con mis compañeras de la oficina, rieron. ¿Qué más se podría hacer ante tal comparación? Sol Africano, canturreé una y otra vez con las manos al aire, sonrisa babosa en la cara y el corazón extasiado. Entonces, una vocecilla se escuchó. Annie, ¿cómo sería un sol mexicano? Me quedé muda, reflexioné un poco, todas me miraron con atención y esperanza. ¿Sol mexicano? ¡Pero si en México nunca sale el sol!, le dije. Reímos. Todas excepto ella. Seguimos riendo ante la simpatía de dicha oración y la vocecilla se escuchó otra vez: Annie, ¿por qué dices que no hay sol mexicano? Estos últimos días ha hecho mucho calor, todo el día está el sol. No entiendo por qué dices que en México no sale el sol, ¿que tú no lo has visto? ¡Seguro estás ciega, imposible no verlo! Todo el día está, no entiendo, no entiendo porque afirmas que no sale el sol en México.
Seguimos riendo.
annie