Conocí a Pink Floyd de una forma extraña. Estaba en la
preparatoria. Ahí conocí a una mujercita que era diferente. Ella
se vestía al último grito de la moda juvenil de aquellos años: al puro estilo
de Avril Lavigne. Usábamos uniforme. El uniforme era una falda de cuadros con
una playera que portaba orgullosamente el escudo de la escuela. Ella llevaba
tenis Converse muy rudos: tenían fuego dibujado. Tenía un piercing en la
lengua, otro en la ceja derecha y unos hermosos ojos verdes quetecagas.
Un día empezamos a platicar y ella me dijo que no le gustaba Pink Floyd
pero, su papá tenía un disco de ellos que siempre escuchaban cuando la llevaba
a la escuela. Por eso no me gusta, dijo. Siempre he tenido curiosidad por saber
cómo es la música de Pink Floyd, dije. Mañana te traigo el disco, pero me lo
tienes que entregar al día siguiente para que mi papá no sepa que lo agarré,
contestó.
Me prestó el disco. Llegué a casa y lo "quemé". Al día
siguiente se lo entregué y ambas estuvimos satisfechas con el trato. Nunca
escuché el disco. A veces ella me preguntaba que si ya lo había escuchado y, yo
le decía que sí, que estaba bueno. Que me gustó
mucho y que le estaba agradecida.
Pasaron los meses y los discos que yo había quemado seguían ahí,
intactos. Un día, discutí con mi hermana. Habíamos peleado porque yo no quería
lavar los trastes. Entré a mi cuarto con el coraje entre las manos. Se me
ocurrió poner música para aplacar los gritos de mi hermana. Lava los trastes,
decía, no es justo que no los quieras lavar si yo ya barrí y trapeé. Tomé la
caja donde atesoraba mis discos y, sin fijarme cuál escogían mis manos
regordetas, lo puse en el estéreo. Recordé a Pamela. Cerré la puerta y no
lavé los trastes. Hasta que se hizo de noche.
annie
2 claustrofobicos:
algunos conocimos a PF en acetato
Yo conocí la música de Pink Floyd justo ayer y me siento realmente avergonzada.
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